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Voy a inaugurar este blog con un post sobre el poder de las creencias. Más concretamente, trataré sobre la gran limitación que se puede sufrir debido a un sistema de creencias limitantes muy consolidado.

Triángulo de Fuego (Día 32): Más allá de lo Evidente

Una creencia es el conocimiento o experiencia que un individuo tiene como verdadero o absoluto. Las creencias, que en muchos casos son inconscientes, afectan a la percepción que tenemos de nosotros mismos, de los demás y de las cosas y situaciones que nos rodean.

Todas las personas tenemos un sistema de creencias que delimita en gran medida nuestras posibilidades para el desempeño de cualquier actividad. A veces nos enfrentamos a situaciones, que de entrada se presentan doblemente complicadas debido a la predisposición desde la que partimos. Esto es porque nos sugestionamos por nuestro sistema de creencias. De esta manera, lo que juzgamos como factible determina frecuentemente lo que somos capaz de hacer.

Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto – Henry Ford

Cuando creemos que algo no está a nuestro alcance, enviamos señales coherentes a nuestro sistema nervioso que a su vez nos limitan desde el inconsciente. La realidad no existe como tal, sino que es lo que cada uno construye cuando da significado a lo que le rodea. Es por esta razón que muchas veces sin saberlo, damos significado a cada situación, acontecimiento o emoción y esto provoca lo que nos ocurre.

De esta forma siempre que pensamos que algo no va a funcionar, al final no funciona, dando aún más fuerza a nuestras convicciones.

Por ejemplo, un vendedor que tiene la creencia de que su producto no se vende, o que no interesa en su zona, al final se acabará cumpliendo. Y es porque el vendedor mismo, de manera inconsciente querrá demostrar que sus convicciones son ciertas.

En el libro Teoría social y estructura social, Robert K. Merton nos habla de la “profecía autocumplida”, para dar explicación a esto, nos dice que

Si una situación es definida como real, esa situación tiene efectos reales.

No voy a entrar a describir técnicas para romper con dichas creencias limitantes, que en muchos casos nos impiden optimizar nuestro rendimiento. Esto lo dejaré para próximos posts, pero voy a acabar este post con una historia que conocí hace unos meses que me impactó muchísimo y que refleja perfectamente cuan importante puede llegar a ser el tener o no un sistema de creencias que te limiten en tu acción diaria. Es la increíble historia del agricultor Cliff Young.

Cliff Young fué un granjero que vivió toda su vida en una zona denominada Bosque de Hallas, cerca de la ciudad de Victoria (Australia), zona muy propicia para el cultivo de la patata, Cliff siguiendo los pasos de su padre cultivaba con ahínco junto con unas 2000 ovejas que solía llevar por las praderas en busca de frondosos pastos.

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En 1983 todo estaba listo para la salida de la UltraMaratón de 875 km que discurriría entre Melbourne y Sydney. Numerosa prensa seguía el gran evento, atletas de todos los rincones del mundo querían participar en este gran desafío. Una prueba de gran desgaste físico que se realizaría en un promedio estimado por la organización de 7 días, realizado por etapas.

En esos momentos previos a la salida apareció el granjero, pero a nadie le importó, ya que pensaban que este personaje gracioso habia ido a observar el evento. Su aspecto era insólito, sin dientes delanteros, de 61 años de edad, vistiendo el atuendo de un granjero y botas de trabajo.

La gente pensó que Cliff era un loco de la zona que pretendía divertirse con el evento, pero este sin dudarlo cogió su número de dorsal entre más de 150 atletas de élite y se dirigió al punto de salida. Un periodista en tono jocoso le pregunto quien le patrocinaba, a lo que el dijo que su madre de 81 años de edad. También le preguntó a que se dedica, “tengo un rancho y me dedico a perseguir ovejas y reunirlas”. Todos se reían ante tan loco personaje.

Comenzó la carrera, Cliff comenzó a un paso muy lento y los profesionales dejaron atrás a Cliff. La multitud se reía por la forma peculiar de correr de Cliff. Toda Australia estuvo pendiente de éste granjero de 61 años de edad, rezando para que alguien detuviese a éste viejo loco, ya que creían que se moriría antes de terminar la carrera en Sydney.

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Todo los corredores tenían la estrategia preparada, correr durante 18 horas y dormir durante 6 horas, cada día. Pero nuestro super-agricultor desconocía todo tipo de estrategias.

Al segundo día de la carrera, los espectadores quedaron sorprendidos, ya que Cliff todavía estaba en la carrera, había corrido 24 horas seguidas. Al llegar a la ciudad de Albury le comentó a los periodistas que su táctica era correr seguido durante toda la carrera, y siguió corriendo, acortando la brecha cada noche con el grupo líder. Al amanecer del quinto día, Cliff Young era el primer corredor de la carrera. Al final, no sólo completó la carrera de Melbourne a Sydney a los 61 años, sino que lo hizo el primero por 9 horas de diferencia.

Este es un gran ejemplo de hasta que punto creer que algo es posible o imposible, puede llevarte al fracaso o a la consecución de un objetivo. Si Cliff no hubiera desconocido que “eran necesarias 6 horas de descanso cada día para lograr el objetivo”, con toda seguridad su resultado habría sido otro. El corrió sin estrategia, sin prejuicios, y guiándose exclusivamente por sus sensaciones, pero convencido de sus posibilidades para acometer este desafío.

¿Que opinas del poder de las creencias?

¿Te sientes identificad@ con alguna situación en la que tus creencias te hicieran más complicado la consecución de algo?

¿Conoces casos asombrosos como el de Cliff?

 

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