0 Flares 0 Flares ×

Hoy en día estamos acostumbrados a vivir a un ritmo frenético. Las 24 horas del día no resultan suficientes para acometer todas nuestras tareas y disfrutar de esos “hobbies”  o “proyectos” que tanto necesitamos para sentirnos plenamente realizados. Es muy normal escuchar a nuestro alrededor a personas que dicen no tener tiempo para nada.

“El tiempo vale más que el dinero. Siempre puedes obtener más dinero, pero nunca podrás obtener más tiempo” – Jim Rohn

42/365: Viviendo deprisa

Pero, en realidad, la falta de tiempo no es el problema, sino la consecuencia o efecto de este. Por lo tanto,  al intentar solucionar el problema, en vez de atacar la raíz (causa), nos quedamos en la superficie (efecto). Dicho de otra manera, la causa del problema no es tu falta de tiempo, sino la planificación del mismo. La causa normalmente se encuentra en una mala organización, una deficiente planificación de tareas.

Sin querer entrar a explicar diferentes metodologías para  mejorar la productividad, como por ejemplo,  GTD (Getting Things Done)  o cualquier otra, voy a aprovechar este post para explicar una manera de introducir pequeños cambios en nuestra rutina diaria que nos pueden reportar cambios extraordinarios en nuestra vida sin apenas darnos cuenta.

“El efecto compuesto de pequeñas elecciones a lo largo de tu vida, pueden cambiar tu vida para siempre” – Darren Hardy

Escalera

Hay múltiples teorías sobre el tiempo necesario para adquirir un hábito, desde 21 días hasta 1 año. Yo creo que depende mucho del hábito en cuestión. Lo que si he podido experimentar, que para transformar una acción esporádica en un hábito consistente es necesaria la repetición. Por tanto, si nuestro mayor aliado es la repetición, buscaremos la manera de introducir cambios,  casi inapreciables, que nos van a permitir repetirlos mucho sin demasiado esfuerzo.

Supongamos que quisiera iniciarme en la meditación. Sería genial poder meditar 30 minutos diarios, pero si en vez de dedicarle  esos 30 minutos, le dedicamos 5 minutos por la mañana al despertar y otros 5 minutos antes de dormir, a medio y largo plazo podría resultar mucho más productivo. Veamos por qué en estos dos supuestos:

Supuesto A (30 minutos cada día)

  1. Intentaré dedicar cada día 30 minutos a meditar.
  2. Por cualquier motivo, el martes “no puedo” hacerlo.
  3. Al no haber podido cumplir con mi propósito el martes, el miércoles quizás sí logre cumplir nuevamente con mi rutina, pero el jueves tengo otra “razón” para no hacerlo y puedo pensar: “el martes tampoco pude hacerlo. La semana que viene seguro que lo haré mejor”.
  4. Finalmente resumimos la semana y habiéndolo hecho muy bien, hemos logrado cumplir 4 de los 7 días de la semana.
  5. Nuestra fuerza de voluntad se ha resentido y hemos visto como no podiamos cumplir con lo pretendido.

Resultado: Hemos meditado 4 veces durante 2 horas. Empezamos a dudar de que sea factible dedicar 30 minutos al día. La siguiente semana bajaremos nuestro objetivo.

Supuesto B (5 minutos, 2 veces cada día)

  1. Voy a dedicar 5 minutos al despertar y 5 minutos al acostarme.
  2. Al ser muy poco tiempo me resulta muy fácil cumplir con mi propósito.
  3. Al haberlo hecho sin apenas esfuerzo durante 4 días consecutivos, el día 5 mi moral esta altísima.
  4. Como me paro dos veces al día a meditar, son dos momentos en los que estoy enfocado en mi propósito. Esto mentalmente conecta muchísimo mejor con nuestra meta y refuerza nuestro objetivo.
  5. Suponemos que, al final de la semana,  sólo dos días no pude hacerlo mañana y noche, pero sí al menos una vez.

Resultado: Hemos meditado todos los días en total 12 veces, y lo hicimos durante 1 hora.

Si lo analizamos fríamente, parece que con el supuesto A nuestro resultado es mejor al haber dedicado el doble de tiempo. No obstante, lo más importante para establecer un hábito es la repetición y, mientras en el supuesto A nos paramos 4 veces a meditar, en el supuesto B lo hicimos 12. Esto tiene más repercusiones. Al pasar un tiempo, con el supuesto A lo normal será que nuestro empeño decrezca, ya que no obtenemos la motivación suficiente, mientras que con el supuesto B es posible que a medida que esto nos resulte fácil, pasemos a dedicarle 10 minutos por la mañana y 10 por la noche, doblando el tiempo de dedicación.

En resumen, es mucho más fácil crear hábitos si los cambios son pequeños y las repeticiones más abundantes, lo que nos ayuda a mantener la motivación y consigue introducir nuevas rutinas sin que hayamos tenido que realizar un esfuerzo titánico cada día.

Yo he podido comprobar personalmente la magia de estos pequeños cambios, ¿Alguno de vosotros también?

Aquellos que no lo han puesto en práctica, ¿creéis que os podría ayudar a crear nuevos hábitos en vuestra rutina diaria?

 

También te puede interesar:

photo by: Mr. Theklan
0 Flares Twitter 0 Facebook 0 LinkedIn 0 Email -- Google+ 0 0 Flares ×