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Mañana a las 9.30 de la mañana salimos para New York.

Han sido 8 meses desde que tomé,  con mi amigo Javi, la decisión de cruzar el charco para correr el que dicen, es el maratón más importante del mundo. Sin duda, quién mejor que él para compartir conmigo esta aventura.

Marathon NYC

Tomamos la decisión en marzo de este año. Si bien tenía claro que algún iría a New York a correr sus famosos 42195 m, también es verdad que un maratón sin fecha ni lugar concreto no es un objetivo sino simplemente un proyecto.  Así que tocaba cerrar el como, porque el qué  y el cuando ya lo teníamos claro.

Durante estos 8 meses, he aprendido mucho. No hablo tanto de la evolución técnica ni del fondo necesario para emprender una aventura de este tipo, sino más bien del autoconocimiento de mi mismo. Han sido meses en los que el correr ha pasado a ser un compañero más en mi vida. He aprovechado muchísimas de estas horas para meditar y conocerme mucho mejor de lo que me conocía antes. Además he introducido en mi vida una variable que ahora es totalmente indispensable. La necesidad de salir a fluir y correr cada mañana para cargar las pilas antes de empezar a funcionar.

He tenido días de muy pocas ganas, días de frío intenso, días en los que las circunstancias laborales y familiares no eran las óptimas para cumplir con mis “obligaciones” de Runner, pero lo cierto es que NUNCA rompí con mi compromiso de hacer el entrenamiento que tocaba.

Hablando anoche con Javi, teníamos un sentimiento parecido. Las ganas de empezar la prueba nos produce una sensación de ansiedad y euforia propiciada por el trabajo bien hecho y la tranquilidad de haber hecho lo que estaba en nuestras piernas para cumplir nuestro sueño. Digo haber cumplido ya, porque lo más duro ya ha pasado. Desde el respeto más absoluto por esos 42195m, tenemos la tranquilidad de saber que físicamente estamos preparados y sólo nos queda corroborar  que mentalmente estaremos a la altura.

El domingo iremos a la salida a disfrutar de la carrera que tantas noches me ha quitado el sueño. El reloj no importará, y nos limitaremos a recorrer las calles de New York disfrutando del ambiente. A partir de ahí tocará como siempre buscar un nuevo objetivo que me permita soñar todos los días como este año he soñado.

 Un abrazo a tod@s y nos vemos a la vuelta.

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